El corrido, un género musical emblemático de México, ha atravesado significativos cambios desde su origen a finales del siglo XIX. Nacido como una forma de narrar las vivencias de personajes fuera de la ley, el corrido se ha adaptado a lo largo de los años, reflejando las realidades sociales y políticas del país. En la última década, una nueva forma denominada «corrido tumbado» ha irrumpido en la escena musical, fusionando elementos del reggaetón y el hip-hop, popularizada por artistas como Natanael Cano y Carin León. La historia del corrido tumbado, su evolución y su impacto en la música contemporánea, así como los debates sobre su relación con la violencia y su creciente aceptación en el ámbito mainstream.
Los corridos nacieron en México a finales del siglo XIX, aunque a lo largo del tiempo han cambiado. A finales de la década del 2010, comenzó a gestarse una evolución de la mano de Natanael Cano, Carin León y Adri Fabela que hoy en día se encuentra en los tops globales: los corridos tumbados.
El corrido es un género musical que tiene su antecedente en el siglo XVIII y XIX y narra hechos asociados a vivencias de personas que hacen actos fuera de la ley, como bandoleros, delincuentes, asaltantes, guerrilleros.
De acuerdo con el historiador Israel Álvarez Moctezuma, profesor de la UNAM e investigador de temas musicales en el CIDE, el corrido viene de la épica y con raíces de la lírica hispánica.
“Muchas de las fórmulas que vamos a encontrar en los corridos clásicos y hasta los de hoy en día las podemos encontrar en clásicos de la literatura medieval”. Señala el ejemplo del corrido “Contrabando y traición”, de los Tigres del Norte. “Salieron de San Isidro, procedentes de Tijuana. Esa es exactamente la misma fórmula que se usó en el inicio del Cid. Es lo que constituye un estilo literario musical”.
Álvarez destaca que el primer gran momento del corrido en México llega con la guerra de reforma y la intervención francesa, siendo uno de los canales de información de la época. “En la agitada historia política y militar del siglo XIX iberoamericano, va a ser el género predilecto para dar a conocer lo que está pasando. Hay un montón de corridos que nos llegaron de esa época y siguen la misma fórmula”.
Después del Porfiriato en la Revolución Mexicana, el corrido continuó con la fórmula: una base lírica en la que se va a contar algo gallardo, un hecho que va a inspirar.
En el siglo XX, el bandolerismo en los corridos evolucionó para reflejar la guerra contra las drogas, con narcotraficantes y traficantes de licor convirtiéndose en los «antihéroes» de estas narrativas, como se ve en los corridos «La banda del carro rojo» o «Camelia, la texana».
“Entonces los bandoleros favoritos van a ser los narcotraficantes. Pero eso no es tan nuevo, va a tener cien años. Desde que Estados Unidos prohíbe el consumo y trasiego de ciertas sustancias y narcóticos”, explica Álvarez.
En los años 70s y 80s, la narrativa de los corridos continúa y los Cadetes de Linares y los Tigres del Norte se vuelven sus principales exponentes. En el centro están las figuras que luchaban por salir de la pobreza, incluso por medios ilegales, dando origen a la oleada de narcocorridos, los corridos perrones, los corridos alterados y los corridos progresivos.
Estos últimos son fruto de la década de los 2000 en Durango y Sinaloa. “Líricamente eran muy explícitos, hablaban de decapitaciones y balaceras y de quién era el más valiente de todos los sicarios. Todos los grandes capos y sicarios del momento tuvieron su corrido, como El licenciado, el Damián”, recuerda Álvarez.
Esta expresión de los corridos no salta al mercado nacional mexicano y se queda a nivel región. Su pico fue entre los años 2008 y 2012, siendo el Komander uno de los artistas más importantes del género.
Para finales de la década del 2010, comienzan a gestarse los corridos tumbados, incorporando influencias del reggaetón y del hip-hop. Álvarez explica que fueron Natanael Cano, Carin León y Adri Fabila quienes incorporaron el factor musical tan distintivo del género. “Yo creo que ellos son los que dotan de instrumentación y los que hacen el canon de cómo debe sonar el corrido tumbado, con este bajo sexto alterado y los instrumentos de viento también alterados”, sostiene Álvarez.
Los artistas del corrido tumbado crecieron escuchando corridos, pero también géneros urbanos como el reggaetón y el hip-hop. Para Sergio H. García, músico, poeta, escritor especializado en música y gestor de proyectos de difusión cultural originario de Nayarit, ellos aportan una nueva manera de hacer corrido al urbanizar un género tradicional, un fenómeno que también se observa en otros estilos musicales.
“El corrido tumbado nace de jóvenes que querían tocar música regional, pero que no se identificaban con los sombreros y con las botas, que fue lo mismo que pasó con C. Tangana: toma el flamenco y le mete trap”, ejemplifica García. “Lo mismo que hizo Bad Bunny con Debí tomar más fotos. Toma la salsa, la cháchara y le mete trap, es decir, está urbanizando un género tradicional, es una visión nueva”.
La popularidad no es lo único que hace exitoso al género. Sus músicos tienen una virtuosidad, de acuerdo con Sergio.
“Cambiaron toda la estética, la forma de hacerlo, pero aparte querían hacer urbano. Los instrumentistas son muy virtuosos. El bajista en el norteño suele ser muy virtuoso, pero en el corrido tumbado lo es mucho más”.
Mientras artistas del top global vienen de grandes disqueras, muchos artistas de los corridos tumbados hacen su música a través de sellos independientes.
“Muchos no están firmados por grandes discográficas como Universal, Sony o Columbia, sino por otras más pequeñas que venden su catálogo a distribuidoras más grandes, como Rimas (la discográfica de Bad Bunny). Su crecimiento es orgánico, es decir, no son creados por discográficas o televisoras, sino que nacen de grupos de amigos que se juntan y hacen música, logrando un crecimiento sin una gran industria musical detrás”, señala Álvarez.
Existe un debate sobre la relación del corrido tumbado con la violencia y la apología del delito. En 1987 en Sinaloa, durante el gobierno de Francisco Labastida Ochoa, se dieron los primeros intentos por censurar la difusión de los corridos. Actualmente, en diez estados del país se han implementado limitaciones y prohibiciones para tocar corridos en eventos públicos.
Sin embargo, Israel Álvarez argumenta que la música no genera violencia, sino que es una representación de la realidad, similar al cine o las series. Por eso, él considera un «falso dilema» la idea de que la música genere violencia. “Todo este material de la vida real va a generar material literario. Eso son los corridos tumbados”, apunta.
Históricamente, esta perspectiva ha acusado a géneros musicales como el jazz, el rock y el rap de promover la violencia, el vicio y la inmoralidad, basándose en prejuicios. “Es una práctica que viene del conservadurismo evangélico de Estados Unidos, que viene unido al clasismo y al racismo”, explica el historiador.
Además, Sergio H. García expone cómo el camino más fácil para los gobiernos es censurar antes de reconocer y tomar responsabilidad ante la crisis de inseguridad que se vive en el país. “Hay que buscar un chivo expiatorio. Nuestros líderes jamás van a aceptar lo que han hecho del país, prefieren la censura”, sostiene el escritor. “Hay expresiones que generan odio, que generan discriminación. Pero ninguna expresión del arte genera violencia”.
Por otro lado, el crimen organizado ha utilizado el arte. El historiador recuerda lo que ocurría hace casi cien años con el jazz. “Esto ha sucedido siempre, como en el auge del jazz en Nueva Orleans y Chicago, donde el crimen organizado financiaba fiestas y eventos”, ejemplifica Álvarez.
Uno de los casos más sonados actualmente es el de Gerardo Ortiz, cantante de corridos progresivos. En marzo de 2025, se declaró culpable en Estados Unidos al aceptar haber realizado conciertos con su ex-representante Ángel del Villar, el cual fue sancionado por el Departamento del Tesoro por lavar dinero del Cártel Jalisco Nueva Generación.
En noviembre, Ortiz fue sentenciado a tres años de libertad condicional y una multa de 1.5 millones de dólares gracias a su colaboración con el Buró Federal de Investigaciones (FBI, en inglés).
De acuerdo con el Spotify Wrapped México 2025, la música mexicana creció 400% en México y 350% a nivel global en los últimos cinco años. Los corridos tumbados crecieron 230% y los corridos bélicos 220%.
En México, dentro del top 10 de artistas más escuchados en 2025, siete pertenecen al corrido: Fuerza Regida, Tito Double P, Junior H, Peso Pluma, Netón Vega, Natanael Cano, Óscar Maydon y Luis R Conriquez. Los únicos que no pertenecen al género son Bad Bunny y La Arrolladora Banda El Limón de René Camacho.
Para Sergio H. García, el género se encuentra en la migración al mainstream y a ser aceptado. “Todavía no es aceptado como el pop, pero va para allá”, dice el escritor y apunta varios indicadores a tener en cuenta, como las colaboraciones con artistas como Bad Bunny, y el hecho de ya no sólo se escucha en México, sino en varios países.
García suscribe que el género crece, pero ya no es el mismo de la década de finales del 2000. “Empieza la corrupción del género, porque ya no es el corrido tumbado puro que Natanel Cano y Carin León inventaron”.
El músico nayarita dice que “si la vida te da corridos, hay que hacer una tambora”.