Merenguetón: de las calles de Venezuela a las verbenas de Galicia

El merenguetón fusiona el sabor clásico del merengue con el pulso urbano del reggaetón moderno.

El merenguetón llegó al norte de España influenciado por la nostalgia de los gallegos que emigraron a Venezuela y regresaron encantados con agrupaciones como Los Melódicos y La Billo’s Caracas Boys. Aunque estas orquestas venezolanas son más tradicionales y usan instrumentos en vivo, el estilo evolucionó en Galicia, adaptándose a las verbenas y fiestas de barrio, especialmente durante el verano. 

En medio de una calle colocan un camión que se transforma en tarima, y ahí las orquestas locales arman shows llenos de covers con varios ritmos, luces, animación y coreografías, un espectáculo enérgico con aire similar a los conciertos populares de Perú, pero con el sello gallego.

Su trayecto entre Venezuela y España está poco documentado, pero orquestas locales gallegas como París de Noia o La Panorámica han adoptado el merenguetón en sus repertorios al punto de crear giras y competencias por los pueblos. No hay verano sin plazas llenas, escenarios con pantallas gigantes y medio pueblo bailando hasta las tres de la mañana o incluso “empalman” con el amanecer. 

En sus repertorios no falta esa mezcla tropical que levanta al público. Son orquestas que entienden perfectamente el mood de la verbena gallega: hay que sonar actual, conectar con los jóvenes y mantener ese espíritu festivo que hace que hasta los abuelos se levanten a la pista de baile. Y ahí el merenguetón encaja como anillo al dedo, siendo la dosis justa de energía, nostalgia y modernidad que pone a todo el mundo de acuerdo.

Ahora, piensa en merengue —esa base rápida y con swing dominicano— con golpes electrónicos, cajas de ritmo y un patrón de reggaetón pegado. El nombre aparece cuando se fusionan esas dos cosas: el sabor clásico del merengue con el pulso urbano del reggaetón moderno. En algunos sitios lo llaman también tecnomerengue, etiqueta que recoge la herencia electrónica y bailable del subgénero.

El término se le atribuye a la agrupación venezolana Rhapsodia, que en 1987 fusionó merengue con sonidos electrónicos mediante sintetizadores y batería digital. La idea surgió como una apuesta por modernizar su estilo, incorporando electrónica y ritmos urbanos para hacerla atractiva a audiencias más jóvenes y bailables.

En los 90 y 2000 hubo corrientes de merengue urbano y fusiones tropicales que convivieron con salsa, vallenato y luego con el reggaetón. Tuvo su época dorada en Venezuela y ahora vuelve a sonar con fuerza, otra vez, gracias a una generación que lo descubrió por TikTok. 

Desde finales de 2024, el merenguetón vive un nuevo impulso en España de la mano del dúo venezolano Alleh & Yorghaki y su tema Capaz. Lanzado en noviembre, el sencillo no tardó en viralizarse: en cuestión de semanas arrasó en TikTok y plataformas de streaming, marcando tendencia entre la generación joven y devolviendo el merenguetón a la conversación musical del país. El tema conquistó el número uno en listas tan populares como LOS40 y Spotify España, logrando múltiples semanas en la cima durante 2025, algo inusual para artistas debutantes en el género urbano latino.

La producción de Capaz fue clave: reinventaron el formato tradicional, fusionando la cadencia tropical con una base moderna y bailable, con la ayuda del productor Manuel Lara, conocido por su trabajo con figuras internacionales. El resultado fue un fenómeno viral —Aitana y otras celebridades españolas publicaron videos bailando el tema, y el público llenó conciertos y festivales con Alleh & Yorghaki como nuevos referentes de este ritmo en España

 Con más de 390 millones de reproducciones y certificado Platino, Capaz sirvió de puente entre ambos países, sumando un eslabón nuevo al recorrido musical iniciado décadas atrás por la diáspora gallega y enriquecido por conexiones culturales contemporáneas.

Merenguetón como «sinónimos de pásalo bien, alegría, disfrutar con amigos»

En Venezuela lo que conecta del género es lo mismo que en Galicia: su naturaleza híbrida que encaja perfectamente en playlists sociales con los cuales puedes pasarlo bien en una fiesta con gente de distintas generaciones. Muchos clásicos latinoamericanos de varios géneros musicales entraron al repertorio de las orquestas por esa misma lógica. A esa tradición se le sumó la influencia cultural contemporánea (música que llega por radio, migración, plataformas y colaboraciones). El merenguetón, con su base bailable y su facilidad para versionar temas populares, encaja perfecto en todas las fiestas.

La memoria colectiva local también ayuda. Figuras como Pucho Boedo, quien fue un cantante coruñés, viajó a Venezuela y enriqueció el repertorio como líder de la orquesta Los Satélites, una de las más queridas de Galicia desde los años 50. Él llevó a las verbenas ritmos tropicales y caribeños como el merengue, el bolero, la guaracha, acercando ese “son latino” al público local mucho antes de que fuera moda. Un artista que hizo bailar a generaciones y dejó una huella tan fuerte que hoy tiene una estatua en su barrio, O Ventorrillo.

Estas rutas culturales facilitan que un formato bailable conquiste a jóvenes que vienen de pueblos o que conservan la costumbre de salir a las fiestas populares —pero también llega a edades que van desde adolescentes hasta personas de 40-50 años que asisten a las verbenas. “Es bailable, pegadizo y fácil de versionar”, dice Paulina, desde A Coruña, Galicia.

En Venezuela es popular entre todas las generaciones, se crece escuchándolo en las fiestas infantiles. Sus seguidores más vivaces están entre quienes buscan una excusa para bailar. Es ligero y más “suavecito” pero con impulso. En cualquiera de los continentes sus notas logran el mismo efecto, que sea “para todos”, como explican Uxía y Andrea, ambas oriundas de Ourense, Galicia.

Ellas relatan que este ritmo no solo se baila. También conocen sus letras, las cantan y disfrutan. Al igual que el reggaetón, muchas letras del merenguetón hablan de fiesta, conquista, verano y buen rollo. Hay espacio para el romance o la nostalgia, según el artista.

En su reaparición reciente, parte del atractivo es el contraste: letras pegajosas que activan el recuerdo sobre ritmos que empujan a moverse. Para los jóvenes venezolanos y gallegos, el merenguetón suele reflejar ganas de pasarlo bien, identidad festiva y una manera de mezclar tradición con modernidad. Andrea lo aclara en su idioma natal «Para min é sinónimos de pasalo ben, alegría, desfrutar cos amigos aínda que non é un xénero musical do meu estilo pero recordo bos momentos con este tipo de cancións» (Para mí es sinónimo de pasarla bien, alegría, disfrutar con amigos, aunque no es un género musical de mi estilo, pero recuerdo buenos momentos con este tipo de canciones).

Podemos afirmar que no es un «género muerto» ni un invento pasajero: es una familia de fusiones que nace de la curiosidad por mezclar lo bailable con lo urbano. En Venezuela se alimentó de experimentos desde los 80 y hoy vive un resurgir gracias a productores jóvenes; en Galicia encontró un hogar natural porque allí la música tiene que funcionar frente a la gente, mover cuerpos y sacudir sonrisas. Y eso, al final, es lo que ambos públicos buscan: música que invite a bailar y que haga sentir bien.