Neoperreo: del underground chileno a las pistas del mundo

Aunque les cuesta definirlo, los principales oyentes del neoperreo coinciden en destacar su carácter experimental, provocador y futurista. Como una variante del reguetón impulsada por mujeres latinas, hoy el género es reconocido en Europa y Estados Unidos gracias a la expansión de sus potentes fiestas.
Neoperreo: del underground chileno a las pistas del mundo

“Párenme la música

Quien no vino a bailar, que se vaya” (DJ Lizz, 2022).

Cerca de las nueve de la noche, Javiera Fuentes (19) empieza a alistarse para salir de fiesta. Es sábado y planea juntarse con sus amigos en un bar por el centro de Santiago para después partir al aniversario n°4 de La Chismoteka, fiesta que hoy reúne a adolescentes y veinteañeros en busca de una experiencia que va más allá de una salida a la disco. Se alisa el pelo, delinea sus ojos y se viste con un top ajustado, minifalda y botas, estilizando su tenida con cadenas y brillos.

Gogo dancers, artistas e influencers de la escena urbana son parte del escenario de La Chismoteka. La fiesta que DJ Lizz –Elisa Espinoza–, su creadora, planteó desde sus inicios como un espacio inclusivo para disidencias, se ha convertido en el lugar clave para exhibir a los nuevos talentos del reguetón y el neoperreo, siendo este último el que dio vida a la popular fiesta que hoy se realiza aproximadamente ocho veces al mes.

Todo partió en 2014, cuando la cantante chilena Tomasa del Real acuñó el concepto como una variante del reguetón tras el lanzamiento de sus primeras canciones. El clásico ritmo del género puertorriqueño incorpora beats de electrónica y sus letras se destacan por compartir un mensaje asociado al empoderamiento, la sensualidad y sexualidad femeninas. A diez años de su origen en la ciudad de Iquique, hoy el género es liderado por artistas mujeres a lo largo de Latinoamérica.

En la actualidad, sus principales exponentes son Tomasa del Real (Chile), DJ Lizz (Chile), Ms Nina (Argentina), Six Sex (Argentina), Tokischa (República Dominicana), Cachirula (México) e Isabella Lovestory (Honduras). Existen también otras cantantes que dialogan con el neoperreo desde una variedad de géneros como el trap, el techno y el pop. Es el caso de Akriila (Chile), Akatumamy (Chile), Bad Gyal (España), Arca (Venezuela), Sayuri y Sopholov (México).

Desde el experimento al movimiento

“Barre el piso con el pelo

Que te llegue hasta el suelo, 

tira lejos el abrigo de pelo” 

(Tomasa del Real, 2018).

La apuesta por expandir el neoperreo llegó en 2016, cuando Tomasa del Real agendó el primer show #NeoPerreo en el Centro Arte Alameda de Santiago, que hoy se conoce como la primera fiesta del género en el país. Este hito coincidió con el lanzamiento del primer disco de la artista, llamado Bien y Mal, que fue un ejemplo de lo que representó el neoperreo en sus comienzos: producción casera, marginalidad e hipersexualización.

Con el crecimiento del género vino también la consolidación de un movimiento asociado a la estética del neoperreo, en Chile especialmente gracias al crecimiento de las fiestas Neoperreo y La Chismoteka, convirtiendo las noches juveniles en un espacio seguro para perrear y expresarse con libertad sin miedo a ser juzgado por el resto.

Ya en 2019, con su incorporación al cartel de Lollapalooza Chile, Tomasa del Real pasó a ser una artista reconocida a nivel nacional que al día de hoy acumula más de 50 millones de reproducciones en streaming. Pero no solo eso: el salto a la fama también se dio a nivel internacional, formando parte del cartel de Coachella, uno de los festivales de música más importantes del mundo.

Así, la improvisación que tanto caracterizó al neoperreo en su origen se fue transformando poco a poco en un ritmo que encarna una nueva estética juvenil. Se define por su hipersexualidad, el uso de lo digital como herramienta creativa y expresiva, junto con una actitud que convierte el cuerpo, el placer y lo popular en expresiones de afirmación y resistencia. Todo lo opuesto al clean look, una tendencia que en los últimos años ha ganado presencia en redes sociales y moda, asociada al minimalismo y la pulcritud visual.

Cuando ellas toman el micrófono

“Bajo hasta el suelo y no pido perdón, papi

Quítame el short” (Ms Nina, 2017)

“Cuando vengo para acá y suenan estas canciones me siento súper libre, con la media actitud. Mi autoestima llega a las nubes por unos minutos”, menciona Francisca (23) desde la barra del Spot Freedom, uno de los clubes nocturnos que suelen alojar La Chismoteka y donde se festejó el aniversario n°4 de la fiesta el pasado 13 de diciembre. El cartel de la noche contó con la participación de DJ Lizz, Sinaka, Piolinda Marcela, Pablito Pesadilla, entre otros artistas nacionales de la escena.

A partir de la década de los 2000, y especialmente de la mano del auge de la tercera ola feminista, el reguetón comenzó a ser fuertemente cuestionado por sus letras machistas y misóginas, siendo además un espacio dominado por hombres. Con el neoperreo, estas tradicionales dinámicas cambiaron. Ahora, las mujeres son quienes cantan sobre sus propios cuerpos y tienen poder sobre ellos para hacer lo que se les cante la gana.

Generalmente, el discurso central del reguetón se traduce en la experiencia del hombre conquistando a la mujer con un total control de la situación, siendo esta representada como una figura pasiva, lo que refuerza una relación desigual de poder. Cantantes como Tomasa del Real y Ms Nina se muestran empoderadas, seguras de sí mismas, invirtiendo la clásica dinámica del género urbano.

En las letras del neoperreo, el deseo pasa a ser narrado en primera persona, desde la mirada femenina. Las mujeres ya no aparecen como cuerpos observados o conquistados, sino como sujetos que desean, deciden y enuncian sin culpa. Esta reapropiación del lenguaje no busca suavizar el reguetón, sino transformar la provocación en una herramienta de afirmación y autonomía.

Las fiestas que cruzaron fronteras

“Yo tengo un, dos, tres, cuatro novios a la vez

Cinco, cinco, seis, a la basura otra vez” (Six Sex, 2024).

La Chismoteka, fiesta de carácter itinerante, se ha convertido en uno de los principales panoramas nocturnos de los jóvenes chilenos entre 18 y 30 años, convirtiéndose en el escenario perfecto tanto para impulsar nuevos exponentes como para recibir a figuras internacionales del neoperreo. Con sus inicios en Santiago de Chile, hoy está presente en Valparaíso, Concepción e Iquique, también con ediciones especiales cada vez más recurrentes en España y México.

Particularmente en México, el fenómeno del neoperreo se consolidó con el exitoso recibimiento de fiestas como Neoperreo y La Chismoteka durante este 2025. Incluso, el surgimiento de artistas como Sayuri y Sopholov da cuenta de la influencia que ha tenido el género en el resto de Latinoamérica, siendo un ejemplo de que cada país le añade sus elementos culturales propios.

En ciudades como Madrid, Barcelona, Berlín y Nueva York, estas fiestas se han convertido en espacios de encuentro para comunidades latinas y disidentes, permitiendo al mismo tiempo que el movimiento sea parte de la escena global sin perder su identidad original asociada a un circuito no hegemónico de la música urbana.

Además, con el reciente lanzamiento del Spotify Wrapped 2025, el neoperreo como género apareció asociado a los hábitos de escucha de múltiples usuarios, lo que da cuenta de su creciente visibilidad en las plataformas digitales.

Hoy, el neoperreo ya no se esconde en los márgenes. Suena fuerte, se baila sin culpa y sigue creciendo, recordando que la pista de baile también puede ser un espacio político.