Raptor House: el soundtrack de Caracas y de su diáspora

Una mezcla de la electrónica underground, los ritmos caribeño y una pizca de humor que refleja una parte del sentimiento de identidad del sector urbano venezolano
Phran · Dura

A Caracas la conocen por ser una ciudad frenética: llena de carros, busetas y motocicletas. Una ciudad rodeada de favelas, rodeada de naturaleza. Bulliciosa. De día escuchas el tránsito trancado; de noche, los sapitos coqui y las minitecas. 

Y, entre 1997 y 1999, en el sector popular de Propatria, en el extremo oeste de la capital venezolana, sonó por primera vez una obra musical con beat rápido, con bajos saturados, con sampling de otras obras de la electrónica underground europea y con una pizca del dembow y otros ritmos de la música afrocaribeña.

Sonó por primera vez el raptor house. 

Para algunos, ese género de música urbana fue (y es) un reflejo de Caracas. En sus inicios, con una economía precarizada, se hizo popular gracias a los videos de YouTube y los discos pirateados. Frente a una delincuencia afilada la gente se reunía en los dance clubs durante el día, en los «matiné». Se bailaba como si tuvieras piernas de tijera y brazos de aguja. 

Perteneció a la estética «tuki», maximalista y de colores neón, que se le asoció a la delincuencia cuando Caracas subía al ranking de las ciudades más violentas del mundo. Luego, entre el 2014 y el 2018, estuvo en silencio durante los picos de represión gubernamental más altos.

Ahora su popularidad volvió a crecer. «Entre la migración venezolana existe una búsqueda de identidad nacional, una actualidad reforzándose en el pasado», dice Rodrigo Figueroa, especialista en música electrónica de la Universidad Central de Venezuela y gestor cultural del Centro de Arte Los Galpones.

Con ejemplos como el Latin Grammy Mejor Interpretación de Música Electrónica Latina en 2025 con «Veneka», de la banda Rawayana y el rapero y productor musical Akapellah, y la música de Arca y Dj Yirbin en las discotecas europeas, este género urbano resurge como una marca de la cultura venezolana que se resiste a borrarse.

Sampling cultural

La música venezolana no es ajena a las mezclas: es un distintivo común en casi todos sus géneros. La gaita zuliana surgió de la sincronía entre los instrumentos indígenas, los ritmos africanos y las tonadas hispanas. El merengue venezolano nació de la música de salón europea con ritmos caribeños. El género Onda nueva se nutrió del jazz, el bossa nova y los ritmos de la gaita zuliana y el joropo. 

Incluso, para Figueroa, el sampling del raptor house daba la firma del dj dentro del género. Dj Babart (Pedro Elías Corro), a quién se le adjudica la creación del “raptor”, experimentaba desde el house, Dj Yirbin lo hacía desde el hard techno y Cardopusher desde el breakcore. Cada artista le daba su toque, pero siempre se mantenía el ritmo rápido, los bajos fuertes y los ritmos tribales. 

«Es un género urbano que también marcó la cultura digital del inicio del 2000: viene del sintetizadores crudos, de “costuras sonoras” en la edición [del audio] que se notaban con facilidad, de bajos saturados, de herramientas precarias que los dj de los sectores populares podían tener. Son esas “costuras” lo que lo hacen emblemático», dice Figueroa.

A veces se asoma una palabra o una frase que habla de la cotidianidad caraqueña: «The club is my house», «Cotiza», «A los conejos los asaltan», «Pan con mortadela».

«Son marcas que volvían memorable a la obra. El productor procesa la realidad de su entorno y lo plasma», recalca Figueroa. La interpretación queda al aire: el nombre de un sector caraqueño marcaba una pieza como himno en una miniteca, otras frases podrían ser algo humorístico, una crítica social a la desnutrición y la violencia que se vivía en la época…

 

El resurgir del Raptor House

El Raptor House fue muy popular en la primera década de 2000. Tuvo el apoyo de artistas internacionales como Buraka Som Sistema, una banda brasileña precursora del kunduro y la música electrónica en Latinoamérica, y fue el jingle oficial del equipo de béisbol de Los Leones del Caracas por más de diez años. Aún así, existió un estigma social entre el raptor house y la cultura tuki entre los venezolanos.

«El género era un reflejo de “la muralla” cultural que había dentro de Caracas. De hecho, el nombre “raptor house” como concepto paraguas es relativamente reciente, con los esfuerzos de dj Babart desde 2018. Antes había varios nombres, como hard fusion o street house, pero el que tuvo más popularidad fue “changa tuki”», comenta Figueroa. «Entre el estigma social, la movida cultural que tenía ese género se fue apagando hasta apagarse en 2014. Pero aún quedaba un eco»

El 2014 también marcó el inicio de las olas represivas constantes del gobierno en manifestaciones y en los propios sectores populares con organismos como la Operación de Liberación del Pueblo, que ha dejado miles de muertos por los que la Corte Interamericana de Derechos Humanos sigue exigiendo justicia. Los djs migraron, la gente no podía reunirse frecuentemente, la inflación y la hiperinflación obligaron a los bailarines a tener varios oficios para sobrevivir.

Pero ese mismo año, con el rescate de productoras como Senseseless Records de UK y las colaboraciones de algunos dj venezolanos en el exterior, el género fue retomando poco a poco su presencia en los álbumes digitales.

«Hoy en día parece que es más popular fuera que dentro del país», dice Figueroa. «Esto puede deberse al factor de la identidad tanto del venezolano como del género. Es una búsqueda que todavía sigue en discusión. Es un género que se adapta como su gente».

Muestra de obras destacadas del Raptor House